dilluns, 24 de juny del 2013



Ella, después de estar con sus amigas sonriendo toda la tarde en la calle, llegaba y se encerraba en su cuarto. Se estiraba en la cama con sus pelos alborotados tratando de ocultar su cara llena de lágrimas. Lágrimas negras por el rímel corrido. Encendía la música, y lo único que quería era desaparecer. Desaparecer de aquella maldita tormenta que la estaba arrasando. Quería que por fin, alguien llegara, y la pudiera entender. No pedía tanto. Quería ser feliz, y dejar a su lado la nueva rutina. Quería ser una chica nueva, porque ni ella, se reconocía. Y aquello era lo peor, no solo había perdido al amor de su vida, es más, se estaba perdiendo a sí misma. Y no, no soportaba el dolor. El tener que recordar que todo aquello la estaba matando. Y si, ahora atrévete a decir que la viste feliz. Atrévete. Cobarde. La dejaste cuando ella te lo dio todo, para que se quedara sin nada y te marchaste, y por tu culpa, no, no es feliz. Tras su sonrisa, hay demasiadas horas de llanto por ti. Por tus falsas ilusiones y por tus putos te quiero. Y de nuevo te digo, ten el suficiente valor para decir que es feliz. Pero antes de decirlo, piénsalo, maldito cobarde.


Rosanna Ramos

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