Estaba convencida de que seria un día normal, uno como todos los
otros. No sabia lo que le esperaba al salir y cerrar la puerta de su casa. No
le daba importancia cambiarse de colegio, ya que por motivos familiares, ya
había echo muchos cambios, y a mas, tenia la facilidad de adaptarse rápido.
Eran las 7:35h de la mañana, esperaba el autobús que la llevaría a su nuevo
colegio. Y allí estaba, subió y no vio ningún sitio donde poder sentarse. Todos
los que iban en aquel autobús, eran amigos cercanos que llevaban muchos años
juntos, y por un momento, Bea, se sintió sola. Pero no solo lo sintió, si no
que se dio cuenta, de que lo estaba. Entre amigas la miraban y le hacían burla.
Los niños se metían con ella, con los típicos insultos. Ella, no le daba
importancia, pero solo un comentario, uno más subidito de tono, en el momento
menos oportuno, cambio la vida de Bea. Fue el típico gracioso que le dijo:
"Joder niña, tienes mas tetas que cabeza." Ese comentario, le hizo
daño. Aquel criajo, supo como ofenderla. Pero ella, se hizo la fuerte. Llego al
colegio y empezaron las clases. Se sentó sola, en un rincón, y las horas
pasaban. Bea, estaba deseando de llegar a casa para mirarse al espejo. Y así
fue, llego y saludo rápido a su madre, y en cuestión de segundos, ya estaba en
su cuarto mirándose al espejo. Ya había cogido complejo, como el criajo ese
dijo, ella misma odiaba "tener mas tetas que cabeza". Así que por su
mente, se le paso una idea. Era engordar. Pasaron las semanas, y por suerte,
Bea consiguió coger respeto, e incluso se hizo una amiga, pero por su mente,
seguía teniendo la idea de engordar, y día a día, al salir del cole, se
encerraba en su casa sin querer salir, y no paraba de comer. Obviamente, con el
paso del tiempo, Bea, engordo. Y si se puede decir así, más de lo que debía.
Así que, un día cuando su cuerpo cambio de la noche a la mañana, al subir al
autobús, de nuevo, todos sus compañeros se burlaron de ella, le dijeron de
todo, así que, Bea, por un momento, odio ser ella, odio vivir. Al llegar a
casa, sin decir ni hola, se fue al cuarto de baño y se metió los dedos. De
nuevo, tenia un nuevo propósito, adelgazar, para que no la llamaran gorda.
Quería que fuera rápido eso de perder kilos, y esperando unas cuantas semanas,
no vio resultado, así que, comenzó a meterse los dedos. Y por culpa de aquellos
niñatos, Bea lo cogió como costumbre. Ahora, se podría decir que, sigue
intentando ser como todo el mundo, sin nada fuera de lo normal. Pero lo sigue
intentando, desde el hospital, porque por culpa de aquellas personas que en su
día no se comportaron bien, y demostraron ser unos inmaduros, Bea, tiene
anorexia.

No permitas nunca, que otras personas, te hagan cambiar.
Rosana Ramos Perez