Cuando mejor estabas
con él, en el mejor momento, un pequeño detalle se tuerce. Todo cae empicado, y
lo malo comienza. El final se acerca. Tú te has acostumbrado tanto a esa
persona, que cuando se marcha te deja un enorme vacío dentro de ti, día a día
notas que te falta algo, y no, no es algo, es alguien, y ese alguien es el. Te
das cuenta que dependías de su felicidad para ser feliz tú. Y supongo, que le
llegas a querer tanto, que ese enorme sentimiento, se convierte en dolor, y
duele, muchísimo. Pero es ley de vida, todo acaba, y todo se rompe. O más bien,
estalla. Estalla como un puto vidrio después de un gran puñetazo. Así es, nunca
mejor dicho. Y se va, se va y el rehace su vida, y no te queda otra que
rehacerla tu también. Y te cuesta, lo ves todo oscuro, y ves ahí un muro que no
te permite avanzar, que lo único que se te ocurre, es mirar hacia atrás, y
recordar cuando lo tenías ahí, diciéndote que te quería y dándote todas las
mañanas los buenos días, recordar cuando te comía a besos y cuando no le importaba
el mundo, solo tú. Y bueno, todo es recordarle.. Y lo recuerdas, lo recuerdas
para no echarle de menos, para no darte cuenta que se fue para no volver, y que
aún peor, aun queriéndole tanto, te hizo sufrir lo suficiente como para poner
un punto y final..
Y si, lo supongo, todo
vidrio roto, después de un gran estallazo, se repara.
Rosana Ramos Perez